¿A cuántos de nosotros nos haría ilusión volver
hoy a la escuela? ¿Con cuánto interés viviríamos durante nueve
meses nuestras clases si fuésemos nuestros propios alumnos?
¿Cuánto hay en nosotros de apetecible, de interesante, como
profesores?
Vivimos en el siglo de la escuela. Cuántos buenos
maestros de otros tiempos, llenos de curiosidad y creatividad,
apasionados por la investigación, nos envidiarían. Longworth ha
bautizado el XXI como el siglo del aprendizaje. Aprender durante
toda la vida. Es el tiempo de la escuela, de los profesores. Y,
sin embargo, educadores y colegios llegamos en crisis al
momento en que deberíamos disfrutar más de nuestras
posibilidades.
Hace dos años, cuando publicamos
nuestro primer libro, Ser profesor y dirigir profesores en
tiempos de cambio, proponíamos cerrar las escuelas un
tiempo. Porque el mundo al que nos dirigimos ya no es este
mundo, tal vez ya no existe. Porque se han quedado viejos los
retos, los lenguajes, las formas, los contenidos. Porque la vida
nos pide imaginación, estrategia y nosotros seguimos esperando,
en lugar de poner en marcha la esperanza. Porque para crecer es
necesario desprenderse.
Uno de los aspectos más
demandados en formación en los últimos años es el de la
motivación. No sólo para los niños. Sobre todo para los
profesores. ¿Cuál es el sentido de lo que hacemos? ¿Por qué esa
sensación o esa certeza de fracaso, de frustración con los que
la sociedad , las familias y los alumnos nos dibujan en los
últimos tiempos?
Los profesionales del aprendizaje
nos enfrentamos a un reto que toca la raíz de nuestro trabajo:
niños y adolescentes que no quieren aprender. Que eligen lo que
Longwoth llama la ignorancia deliberada
.¿No es una contradicción que una persona pierda la curiosidad a
medida que crece? ¿No debería ser al revés el proceso? ¿Que uno
viviese toda la vida acompañado por la curiosidad? Cuando
Francisco Ayala celebró su 100 cumpleaños había un espacio sin
tiempo en él: el brillo en los ojos. Una de las afirmaciones que
hizo es que aún no le había dado por pensar en la sopa de
mañana. Seguía con una curiosidad no sólo intacta, sino más
asombrada y sorprendida que antes.
¿Tan poco apasionante es el mundo que vivimos y
que enseñamos? Tal vez como afirma Marina:
“No estáis aburridos porque las cosas sean
aburridas, sino que las cosas son aburridas porque estáis
aburridos”.
Sin embargo, este es un tiempo apasionante para
los profesores. Si todo fuera bien, no serían necesarios dos de
los rasgos del ser humano que más nos pueden sorprender y
hacernos disfrutar: la inteligencia y la creatividad. Los que
nos conocen saben que a ARCIX le gusta el japonés. En japonés
se utiliza la misma palabra para hablar de crisis que para
hablar de oportunidades.
Es cierto que la vida en el aula está llena de
complejidad y diversidad que podemos transformar en
posibilidad. Pero eso nos obliga a poner en juego:
Escucha y análisis
Pensamiento (auto)crítico
Trabajo en equipo
Estrategias e innovación
(Auto)evaluación
Elementos que aún son demasiado ajenos a la
escuela como organización y a la cultura de la mayoría de los
Centros Educativos. Seguimos prefiriendo la comodidad y la
añoranza a la felicidad. Pero que a los alumnos les produzcan
deseo los lunes pasa porque los profesores sintamos también que
la vida interna de la escuela es un lugar apasionante. Porque lo
que llega al aula no es ajeno a lo que se vive y experimenta.
Los equipos educativos que resuelven sus retos
son equipos que investigan. Que disfrutan y se comprometen con
las dificultades. Equipos que llaman reto a sus problemas. Los
Centros que fracasan probablemente es porque siguen aplicando
las mismas soluciones de siempre a problemas nuevos. Como afirma
Edgar Morín:
“ Toda nuestra enseñanza tiende al programa,
mientras que la vida nos pide estrategia”.
Recuperar la pasión del aula. Que
los lunes signifiquen ilusión para profesores y alumnos.
Devolverle al aprendizaje su sentido de placer, de alegría y
esfuerzo. De deber y compromiso con uno mismo y con los otros.
Pero para todo esto, nos parece que habría que poner en marcha
algunas de estas propuestas:
-
RECUPERAR LOS PORQUÉS
Cuando damos por supuestas las cosas, éstas dejan
de tener significado y ya no comunican entusiasmo. Se convierte
en automatismo y no provocan sentimientos, ni ideas, ni acción.
Presentamos algunas preguntas a las que nos
parece fundamental regresar periódicamente como educadores:
¿Por qué somos profesores?
¿Para qué educamos?
¿Por qué merece la pena que mis alumnos aprendan
lo que enseño?¿Lo perciben en la forma en que trabajo, organizo
el aula? ¿En mi discurso y mis actitudes?
-
UN BUEN PROFESOR ES UN SEDUCTOR
Afirma Edward de Bono que actualmente dedicamos
mucho tiempo a cuidar nuestro aspecto exterior, pero no
dedicamos la misma cantidad de tiempo a ser interesantes. Que se
sienta curiosidad e interés por nuestra opinión. Nuestra
cultura. La forma de ver y comunicar las cosas.
Es importante que los alumnos sientan que el
tiempo con nosotros es un tiempo valioso e interesante. Por los
contenidos, por la metodología. Por lo que aprendes y compartes.
Y que ese clima les debe hacer exigirse a ellos también no una
actitud de espectadores siino de personas también valiosas e
interesantes. Un buen profesor nos hace mejores alumnos. Y un
buen alumno nos hace mejores profesores.
Ser interesantes nos obliga a
ponernos en diálogo permanente con lo que sucede. Con la
ciencia. Con la Literatura y el cine. Con nosotros mismos y con
el mundo. Porque no puede enseñar a aprender quien no disfruta
aprendiendo.
-
PASIÓN POR LA VIDA Y POR EL SER HUMANO
-
MEJORAR LA COMUNICACIÓN
Gran parte de los problemas que se producen no
solo en las aulas, sino en la vida en general, son resultado de
una mala comunicación.
Tenemos niños con unas carencias lingüísticas tan
importantes que no consiguen manejar la realidad con palabras.
Son pura emoción e instinto, el mejor caldo de cultivo para la
agresividad y la violencia.
No es posible el aprendizaje en un clima donde
impera el miedo, en el que las habilidades personales y sociales
son mínimas.
Los centros necesitamos un diseño vertical en el
que incorporemos como objetivos prioritarios de nuestro trabajo:
Escucha
Actitud de duda
Empatía
Diálogo
Resolución de conflictos
Y un afecto y un rigor incondicional hacia la
palabra. Pero todo esto pasa en primer lugar por nosotros como
adultos.
5. UNA METODOLOGÍA QUE RESPONDA A LA DIVERSIDAD
Y A LA INDIVIDUALIDAD
La forma en que damos clase está muy ligada a
cómo somos y a cómo nos vemos a nosotros mismos y a los demás.
Los aprendizajes y conocimientos
que enseñamos no son un fin en sí mismos. Son instrumentos a
través de los cuales uno aprende la asignatura fundamental:
quién soy, de dónde vengo, a dónde vamos, cómo es el mundo en
que vivimos, cómo debería ser y cómo debería yo contribuir a que
fuese posible.
Algunos profesores de referencia
hoy en día son los compañeros de las Escuelas Unitarias.
Profesores para los que la diversidad es lo cotidiano.
Las aulas deberían diversificarse
en espacios y en diferentes maneras de aprender una realidad.
Porque no hay una sola forma de aprender. Ya no tiene sentido
hablar de inteligencia. Es necesario hablar de inteligencias. Y
en la escuela deberíamos aprender a desarrollar destrezas muy
diversas, tanto en lo humano como en lo intelectual. Todo alumno
debería experimentar, a través de la metodología:
El trabajo individual:
la relación con uno mismo y con sus propias capacidades
El trabajo en Equipo:
cuántas posibilidades nos abre la Inteligencia compartida,
cuando aprendemos a sumar capacidades y diversidad. Aquí
estarían para ayudarnos el aprendizaje
por proyectos, el aprendizaje cooperativo.
La relación entre los distintos saberes:
formamos parte de un todo. Un buen profesor termina uniendo las
ciencias, la filosofía, la historia, la literatura, el arte y el
silencio
La investigación:
el mundo está vivo. Cambia y eso es emocionante
La belleza
El análisis, la (auto)crítica
Y eso sólo lo pueden enseñar profesores que lo
viven y quieren vivirlo, equipos educativos que lo experimentan
y lo convierten en un rasgo distintivo de sus centros educativos
-
PROFESIONALES DEL APRENDIZAJE QUE NO DEJAN DE
APRENDER
¿Cuáles son las últimas cosas interesantes que
has experimentado en el aula con tus alumnos? ¿Qué libros,
viajes, películas, canciones, conversaciones…has transformado en
ideas y proyectos que han llegado al aula y a tus compañeros?
-
UNA FORMACIÓN INICIAL Y CONTINUA EN LA QUE EL
MODELO DE APRENDIZAJE NOS ENSEÑE A INTERIORIZAR LA
REFLEXIÓN, LA INVESTIGACIÓN Y LA INNOVACIÓN ( y a
compartirla)
-
UNA ORGANIZACIÓN INTERNA EN LOS CENTROS QUE
PRIME LA INVESTIGACIÓN, LA EXCELENCIA y EL TRABAJO EN
EQUIPO.
Los centros educativos tienen aún, en la mayoría
de los casos estructuras de gestión y no de dirección. Esa
pobreza interna lleva pobreza a las aulas. La mayoría de las
reuniones de profesores siguen siendo de programación y
organización. Pero no suelen ser espacios de análisis, de
experiencias, de investigación e innovación.
Los Departamentos en su modo de funcionamiento, e
incluso en su perfil de contenidos, ya no responden a los retos
de aprendizaje de los centros; retos que cada vez se relacionan
menos con lo específico de una materia y que abarcan cuestiones
más amplias y complejas.
El quipo Directivo, los Jefes de Seminario, deben
ser referencia de escucha, de innovación, de liderazgo. Deben
provocar movimiento y valorar y sacar partido a las
posibilidades de sus profesores.
-
UN PROYECTO VERTICAL DE CENTRO
La Escuela es un proyecto de formación solidario
desde Infantil hasta Bachillerato y Ciclos Formativos. En pocas
ocasiones los profesores tenemos interiorizado que somos un
proyecto vertical. Esa visión pequeña que nos limita a nuestra
clase, a nuestro curso. Como mucho a nuestro ciclo. Y eso nos
impide ser conscientes de que cada alumno es la suma de todos y
cada uno de nosotros
Decía Daniel Pennac – en su libro
Como una novela – que un profesor se convierte en
seguida en un viejo profesor. Cualquiera de nosotros sabemos
en qué momento profesional nos encontramos. Si estamos eligiendo
la comodidad, si convertimos la dificultad en sufrimiento o en
aprendizaje. En posibilidad de felicidad y aventura.
Nuestro papel como transmisores del conocimiento
ya no es el primordial. Encontramos alumnos que escuchan y
conocen, pero cuya gran carencia es no saber qué hacer con
ello. Como convertirlo en pensamiento, en belleza, en
compromiso.
Una de las causas de que este tiempo de crisis y
de transformación esté provocando tanto desconcierto e
inmovilismo es que hay una conversación pendiente. Entre los
profesores. Entre los profesores y los alumnos. Entre los
profesores y las familias. El deber y el placer de pararnos a
analizar con autocrítica y creatividad lo que ocurre en las
aulas. En casa. En la calle.
Nunca parecen ser, y tal vez
muchas veces tampoco lo son, buenos tiempos para la educación.
Nunca llegan los alumnos a ser los que soñamos. Su actitud en
el aula y ante el conocimiento no suele ser la más abierta y
dinámica. Pero mientras aguardamos o añoramos y exigimos a ese
alumno ideal, es probable que ellos también añoren a un
profesor, un maestro, un educador, un adulto que confíe - con
tesón y entusiasmo individual y de equipo – en lo que pueden
llegar a ser como personas y que se lo exija con rigor, con
juego, con convencimiento, porque eso es condición necesaria
para que la vida sea aventura y experiencia.